En esta ocasión os vamos a hablar de los que deseáis dar de comer y de aperitivo a vuestros invitados. Esta parte es muy importante y sin duda una de las que más se recuerda de las bodas.

Probablemente conocéis varios caterings y os han hablado de otros muchos pero no todos sirven para vuestro enlace. Unos resultan fuera del rango de precios, otros se encuentran muy lejos o ya ocupados, los hay muy lentos en el servicio (una comida de tres horas es aburrida y puede arruinar la diversión), puede darse que los camareros no sean buenos profesionales e incluso algunos llegan a ser bastante descorteses; o simplemente son caterings que han usado vuestros amigos en sus bodas y queréis algo nuevo. Todos estos motivos, y muchos más, son totalmente válidos a la hora de desechar a quien os va a dar este servicio.

El catering debe ofreceros confianza y, si es posible, que ya lo hayáis visto actuar. No es lo mismo conocerlo en sus instalaciones que en un cortijo u otro local, ¡En casa es todo más ágil y sencillo¡

Desde Jardines del Cortijuelo os aconsejamos que os informéis de cómo está en la actualidad; ¿qué queremos decir?, pues que como todo negocio un catering tiene sus altos y sus bajos, y es posible que quien fue estupendo hace tres años hoy os ofrezca una calidad más que deficiente. Basta que se haya jubilado “El Jefe” o que esté en crisis económica por cualquier motivo para que no sea el mismo. Lo contrario también es posible pero más difícil. Hay caterings que en sus comienzos tuvieron muchos fallos por falta de experiencia o mala gestión, y que hayan ido mejorando con el tiempo.

Seguidamente hay otra regla de oro: Es imprescindible estar vigilando continuamente; como cualquier persona que presta un servicio, no actuarán igual si ven interés por vuestra parte, que si prácticamente no saben ni quienes sois en persona. Con ello lo que os recomendamos no es ser excesivamente pesado e insistente, pero sí hay que dejarse ver. Hay que elegir cubertería, mantelería, centro de flores etc… ¡que no parezca que os da igual! Pues si aparentáis dejadez, serán muchos los que se vean tentados a usar los manteles, cubertería o utensilios que se encuentren más anticuados o en peor estado.

Otro punto muy relevante es dejarse aconsejar en la elección del menú. Ellos saben cuáles son sus platos estrella, los que son capaces de preparar según el número de comensales y aquellos que por temporada sean los más aconsejables. Forzar la situación imponiendo menús excesivamente complejos puede llevar a mala calidad, falta de materia prima, o incapacidad logística para que éstos lleguen calientes a la mesa. Es importante que el comensal no se quede con hambre, claro, pero en cantidades también es primordial no excederse, evaluad las cantidades, teniendo en cuenta también el aperitivo (si lo hay).

Por último comentaros que, sin duda, el precio es determinante pero, dentro de vuestras posibilidades, no elijáis al más caro solo por su nombre, ni exprimáis demasiado en el trato. Por cada euro que le bajéis se reducen cantidades, calidad o, lo que es peor aunque no se suela considerar, reduzcan el número de camareros; esto puede parecer secundario, pero si no hay personal suficiente, las esperas sin duda se darán, y con demasiadas prisas, es complejo lograr el servicio esperado. Podéis acabar oyendo un “con lo que querían pagar no se les podía dar otra cosa”, y no es del todo falso. Equilibrio, es la clave.

(Fotografías por: “Anguita y Frutos”, Raul Pérez, Elena Muñoz López – Viejo, Jardines del Cortijuelo)